martes, 23 de marzo de 2010

Zona Cero

Sentado, en su escritorio, junto a la ventana, escuchaba el dulce ruido de la ciudad, originado por el tráfico nocturno. Una bella antítesis de la que disfrutaba todas las noches a la misma hora. La hora a la que tan solo transitaban la metrópoli conductores sonámbulos y transeuntes noctámbulos. Todos los demás dormían o, como él, dormitaban. A traves de la ventana, las luces se mecían con la compañía de un Céfiro cansado. El péndulo de un reloj se balanceaba a ritmo acompasado del centelleo de las estrellas.
El tiempo pasaba despacio y tenuemente, aunque a la vez portaba consigo un ligero ajetreo, característico en la vida urbana. Siempre lo hacía así. Siempre hasta ese día, cuando, repentinamente y sin avisar a nadie, se detuvo.
Una milésima de segundo se confinó en la eternidad misma. La calma absoluta engulló a la urbe y, tal vez, en esa eterna milésima de segundo, la ciudad despertó. El apaciguable ruido fue ensordecido por el silencio. Las luces se apagaron y la brisa se extinguió. El péndulo paró en seco, justo en el punto de equilibrio de la armonía. Armonía ahora adversa a una realidad que, lejos de ser una bella antítesis, se había transfigurado en una dura paradoja de la existencia.

"...y, tras la calma, llegó la tormenta que precede a la calma."

1 comentario:

areala dijo...

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!guay!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


y me pregunto, tendra esta una cntinuacion?? y podre leer algo escrito por ti que tenga mas de 2 paginas?????(y que no sean notas de clase??) xd

^^

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